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Lunas Indefinidas Reseñas Esta obra es una reflexión sobre el proceso iniciático, o mejor de los preliminares que pueden llevar, o no, a emprender dicho proceso. Sin embargo, como acostumbra a suceder en casi toda la obra dramatúrgica de nuestro autor ese aspecto iniciático permanece de algún modo "velado" para quienes sólo ven las apariencias de las cosas y se quedan con la impresión de estar simplemente ante una "comedia de humor", eso sí un tanto peculiar y salpicada de expresiones vagamente referidas a ese tema, llegando incluso a creer que se hace una parodia sin más de ellos. Nada más lejos de la realidad. El humor desde luego que existe, y que muchas veces éste rezuma una sutil e inteligente ironía, también. Pero hay mucho más. En primer lugar, habría que rasgar el velo de esas apariencias para comprobar, a poco que profundicemos en su contenido, que lo que parece ser una parodia esconde en realidad otras cosas que tienen que ver efectivamente con el viaje del Conocimiento. Recordemos que en determinados momentos de la historia europea las verdades acerca de la iniciación y la metafísica se escondieron muchas veces bajo las apariencias de la sátira humorística e incluso de la parodia. Esto es precisamente lo que sucedió entre los rosacruces del siglo XVII, algunos de los cuales tuvieron efectivamente que disimular sus ideas herméticas bajo la apariencia de la "farsa" teatral, y ello con el fin de "ocultarlas" a quienes no estaban cualificados para comprenderlas, mientras que por el contrario se hacían transparentes y diáfanas para quienes sí estaban cualificados para ello.1 Esto nos lleva nuevamente a considerar la necesidad de conocer la obra doctrinal de nuestro autor para entender su teatro (y por extensión su novela). Como bien sabemos, esa obra está estructurada en torno al Símbolo como el vehículo por excelencia del Conocimiento, el cual tiene una doble virtud: la de velar y revelar la idea que lo configura. Es significativo, en este sentido, que las primeras palabras pronunciadas en Lunas Indefinidas sean precisamente estas: "¿Qué son los símbolos?" Es como si todo lo que se va a representar a continuación, o sea la trama misma de la obra, necesitara imperiosamente de la colaboración del símbolo para poder ser entendida en sus distintos matices, y ciertamente es así, pues estamos ante una representación teatral donde el lenguaje simbólico discurre como un torrente a través de todos sus personajes. Por ejemplo, en el segundo acto:
No se puede decir tanto con tan pocas palabras.2 En efecto, nuestro mundo es una inmensa red de analogías y correspondencias simbólicas que hacen posible el vínculo entre los distintos planos de existencia y entre todos los seres que lo comprenden, y lo que le pasa al hombre actual, la causa de su ignorancia con respecto a los temas que realmente le importan pues tocan a su esencia y su identidad, es precisamente que está "exiliado" de esas analogías, y por eso se encuentra "fuera" de la realidad del mundo y de sí mismo. Volver a su verdadera patria, o sea "nacer de nuevo", implica previamente recuperar el lenguaje y el pensamiento analógico, donde se fundamenta también el mito, la magia y la teúrgia. Establecer en uno mismo el vínculo con las potencias vivas del cosmos, con los númenes y nombres divinos, con las deidades que todo lo habitan con su presencia intangible: esa es la auténtica gracia que se nos concede penetrando en la vía del Conocimiento, donde, como se dice en la obra, el único método válido es la "inducción en la Sabiduría". Veamos este otro fragmento, que habla justamente del sentido de los símbolos y el poder transformador que tiene para la mentalidad humana: Por otra parte, el comprender estos misterios es abrirse un camino en el Conocimiento de lo que somos, de nuestra propia identidad. ¿Cómo puede entenderse todo esto? ¿Qué significan verdaderamente estas palabras? Y además ¿cómo pueden ser tan embriagadoras, al punto de convencernos e incluso dar sentido a nuestra vida? Pero esto son tan sólo algunas de ellas, pues los conceptos se van encadenando unos con otros, y resulta que los números que aprendemos desde niños son otra cosa, y así con todo lo que creíamos, que incluso se traslada a la totalidad de lo que hemos aprendido, pues todo ello pertenece a una vida que es sueño y engaño, y de allí que los símbolos, que son mensajeros que revelan otras realidades puedan dar lugar, a través de las iniciaciones, al hombre nuevo. ¡Vaya empresa! Y lo peor es que es verdad, que uno lo siente como tal, y al mismo tiempo no deja de advertir evidentes transformaciones en uno mismo, casi desde el comienzo, aunque se nos dice que estas enseñanzas, estas transformaciones, en efecto, tardan muchísimos años en realizarse... Estas palabras son pronunciadas por Espartana, un personaje importante en la obra pese a que sólo aparece al comienzo de la misma con un discurso que sobrecoge por momentos por la belleza e intensidad de lo que expresa. Es ella, la encargada de abrir y cerrar con sus llaves las puertas a los aspirantes a recibir las enseñanzas que se imparten en esa Academia de Estudios, algunos de cuyos personajes dicen cosas muy importantes desde el punto de vista doctrinal, y que merecen ser leídas y releídas con atención.3 Academia que a veces más bien parece un Sanatorio o Clínica Médica, hasta el punto que quienes lo regentan reciben indistintamente el apelativo de profesores y doctores. Todo eso tiene sentido dado que allí se "cura del exilio" para no "morir de ausencia" (de la ausencia de nuestra verdadera identidad), y se ayuda a "nacer de nuevo", como dice explícitamente el profesor/comadrona Chuleta. En cierto modo, Espartana toma la función que tenía el dios Jano en la antigua Roma: la de abrir o cerrar con sus llaves las puertas que daban acceso a los misterios y los ritos de la iniciación, que él presidía en sus diferentes grados de profundización. De hecho, Espartana habla de esta deidad, de su doble aspecto, que ella asume como una función ligada a su destino:
En efecto, no es "por capricho" que Espartana/Jano abre o cierra esas puertas; ello depende sobre todo del mismo postulante, de si tiene o no tiene las suficientes cualificaciones internas para iniciar el camino del Conocimiento, orientado constantemente hacia la Metafísica. En este camino, donde nos vamos despojando y quedándonos desnudos de todo lo que no somos, el autoengaño no tiene cabida y tarde o temprano, de una manera u otra, siempre queda desenmascarado. Al final de la obra hay el siguiente diálogo entre uno de esos doctores/profesores y un falso candidato:
En el mundo sublunar, que tiene su correspondencia con determinados ámbitos del estado humano, todo es una copia del original, del arquetipo que está más allá de ese mundo, copia signada por el cambio constante que las fases lunares precisamente ejemplifican. Pero lo que niega toda posibilidad de salir de ese mundo es ser una copia de la copia, o sea caer en la simulación, en la estafa, en el fraude con nuestro propio yo, con lo cual cualquier posibilidad de transmutarlo quedaría truncada. Dos espejos situados frente a frente proyectan indefinidamente la figura que se encuentra entre ellos, y esa proyección es efectivamente una copia de la copia, y así ininterrumpidamente, algo completamente irreal.
Por otro lado, el cambio no significa ni mucho menos transmutación.4 En efecto, mientras que todo cambio pertenece al plano horizontal, que progrede indefinidamente sin salir de sus límites –como la Luna lo hace con sus constantes cambios de forma–, la transmutación supone, y como su propio nombre indica, una mutación o sutilización de nuestra naturaleza en sentido trascendente y vertical, lo que conduce a un verdadero cambio de estado, o sea a otra nueva posibilidad incluida en nuestro ser más realmente universal, de naturaleza más solar que lunar.5
En toda la obra planea una cuestión que no ha de pasar desapercibida, a saber: que la simple teoría no basta para que se haga realidad esa transmutación; que la teoría, mentalmente asumida, si no se hace operativa, si no es vivificada y fecunda la inteligencia, acaba petrificándose y convirtiéndose en letra muerta. Aquí no se trata de ser "felices" (¿qué sería ser feliz desde el punto de vista de la alquimia?), sino de intuir y saber que nuestro destino, que es nuestro origen, es la búsqueda y obtención de la lucidez, o sea de "ser luz", como la Idea en su transparencia diamantina. Por eso mismo el "confort espiritual" es el peor enemigo con el que puede toparse el aprendiz en su trabajo interno. Y ello se combate con el rito, con su constancia, aunque, y como le advierte la doctora Ester a Adán en un momento de su diálogo, esto no garantice la plena realización espiritual-intelectual. Por eso el viaje hacia la Gnosis es una aventura, por su intrínseca incertidumbre. Tal vez lo único que realmente esté en nuestras manos, es emprender y estar en el viaje con todas las consecuencias y asumiendo nuestra responsabilidad,6 lo demás se dará por añadidura, mediante la gracia de lo Alto. Ese canto: "el continuo es un indefinido" del coro al final de la obra está refiriéndose en realidad al laberinto que es nuestra propia vida, en el que vamos y venimos, como en un carrusel o tiovivo. La salida de ese continuo, en caso de producirse, es la entrada en otro laberinto, en otro plano de ese inmenso juego del panludo que es el Gran Teatro del Mundo, en el que la rueda del tiempo crea constantemente la ilusión de la sucesión. Pero esa sucesión temporal, como decía Platón, es también la imagen móvil de la eternidad, o sea que no sólo es que nuestro trabajo hermético lo realizamos en y con el tiempo, sujetos como él a los ciclos de muerte y renacimiento, sino que además éste trae consigo la memoria, el recuerdo, permanente de nuestro Origen atemporal y eterno, que como ha dicho Federico es lo "que siempre está de última moda".7 Espartana:
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Francisco Ariza NOTAS 1 Recordaremos igualmente que entre los rosacruces de esa época sus ideas se transmitieron muchas veces a través de las artes escénicas, siendo los propios rosacruces los actores que las interpretaban. Ver la nota que a este respecto nuestro autor escribió para el blog de la Colegiata Marsilio Ficino el 6 de octubre de 2008 bajo el título “¿Antecedentes?”. Allí cita un fragmento del libro de Frances Yates Las últimas obras de Shakespeare: una nueva interpretación. Asimismo en una nota alude al capítulo XI de El Iluminismo Rosacruz, de la misma autora. Recomendamos ambos libros para conocer la relación entre el teatro y ese movimiento hermético. 2 Los diálogos entre Chuleta y Poof, y las interpretaciones de ambos actores de la Colegiata Marsilio Ficino, son extraordinarios. En realidad, toda la obra en sí, el trabajo de todos los actores, su puesta en escena, etc., conserva un ritmo muy vivo, que unido a la inteligencia e ingeniosidad que rebosa el texto, permite estar ante un teatro de altura, del mejor en lengua castellana de los últimos tiempos, y que transmite, como decimos, una enseñanza de carácter hermético. 3 Por ejemplo aquello que expresa el personaje de Starter, que recuerda mucho lo que afirmaba Nicolás de Cusa acerca de lo Máximo como expresión del Todo metafísico. Dice Starter: “Por otra parte lo máximo en cada género es completo. Máximo, desde luego, es lo que no puede ser sobrepasado, y completo es aquello fuera de lo cual no cabe encontrar nada”. 4 Nuestro autor también pone el dedo en la llaga de la tontera new age y de esas ”escuelas” falsamente esotéricas que tanto abundan hoy en día, donde se engaña de manera consciente o inconsciente (para el caso es lo mismo) a las personas que caen en sus redes. 5 En Simbolismo y Arte (cap. III) Federico, hablando de la simbólica astronómica, realiza una correspondencia entre los tres niveles cósmicos y los tres estados del ser humano (cuerpo, alma y espíritu), y señala que: “el primero corresponde al estado psico-físico profano en lo que tiene de más grosero; los otros dos representan la iniciación solar y la polar respectivamente y son cada vez más sutiles e ‘informales’, más ‘atemporales’ y ‘lentificados’ (y en nota añade: ‘Las lunares, o sublunares, no son propiamente iniciaciones, aunque sí abonan, o pueden abonar, el camino del Conocimiento’)”. 6 En la obra En el Tren hay el siguiente diálogo: “Alberto – No sé si puedo creer en un viaje sin destino. ¿Verdad que vamos a algún lado, o no vamos a ninguna parte? / Minnie – Yo no estoy tan segura. / Enrique – Pienso que soy el tren, el viaje, y que ese es el destino”. 7 Esoterismo Siglo XXI. En torno a René Guénon, cap. I, nota 3. |
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